Ya BASTA de Gianni Minà

Hace sesenta años y 12 presidentes atrás, se desencadenó el bloqueo norteamericano contra Cuba. Obama, en diciembre del 2014, declaró: "Hemos fracasado, no hemos doblegado a Cuba. Es hora de cambiar".

Los cubanos habían demostrado durante todos estos años, tras las agresiones sufridas, contradicciones y sacrificios, de querer mantenerse fieles a sus ideales de independencia y justicia social, según un modelo económico socialista. Cuba no sólo no se ha derrumbado, sino que ha demostrado cómo el bloqueo económico a un pueblo es una de las formas más crueles de presión "diplomática" jamás conocidas.

Cuba ha sobrevivido tanto al fracaso del socialismo real como al del neoliberalismo real, de cuyas distorsiones, miseria y violencia se ha librado este pueblo, a pesar de las dificultades objetivas de quienes viven cada vez más atrincherados y prácticamente hambrientos.

Los cubanos durante todo este tiempo han demostrado que no han vivido en un "gulag tropical" como los medios de comunicación siempre han querido mostrar caprichosamente a esta pequeña isla: no se sobrevive a la dureza del periodo especial, con turistas que van y vienen, sin un consenso de masas que no se base en la represión.

Ni los Estados Unidos han querido jamás reconocer la Revolución y su trayectoria histórica.

La diplomacia norteamericana también se construye con términos utilizados como bastones: para ellos la dictadura es todo aquello diferente a su ideología neoliberal, el concepto guevariano del hombre nuevo, del hombre en el centro, una forma diferente de Estado y sobre todo el concepto de democracia y autodeterminación son casi barridos por el odio a todo lo que "apeste" a comunismo.

Estados Unidos siempre ha tratado de tirar fango sobre la reputación de esta pequeña isla que no tiene ninguna riqueza, ni materias primas con las que contar, solo la potencia de su propia cultura y de sus ideas: un prestigio "moral" que todas las naciones pobres, todos los pueblos del Tercer Mundo reconocen en Cuba.

En 1998, gracias también a la ayuda de un tercer actor, el Vaticano, Karol Wojtyla abrió Cuba al mundo ("y el mundo se abre a Cuba" como dijo el Papa Juan Pablo II en uno de sus históricos discursos), Joseph Ratzinger ponía fin al conflicto entre la Santa Sede y Cuba y últimamente el Papa Francisco (que, con la confianza de un amigo, pedía a un Fidel anciano que rezara por él) había dado un poderoso impulso para que todos tuviéramos la esperanza, por fin, de una mejora en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con el presidente Obama que había decido restablecer las relaciones diplomáticas interrumpidas desde el ‘61.

Pero si Obama había tendido una mano a Cuba, Trump primero y ahora Biden, han utilizado y utilizan su política desestabilizadora para estrangular definitivamente a esta pequeña nación. Obama en su momento, no obstante, dejó claro, que no se estaban cambiando los objetivos que rigen la política exterior norteamericana, basada en su modelo de democracia, ideal para el mundo entero y fundada en la ideología neoliberal. Simplemente confirmaba "un cambio de método en el enfoque". Hoy, el método de los dos últimos presidentes está a la vista de todos: el recrudecimiento del bloqueo económico y la incitación al desorden a través de las redes sociales.

Si Obama, en su discurso sobre el Estado de la Unión, afirmaba la necesidad de "poner fin a una estrategia que debería haber terminado hace mucho tiempo" pidiendo "el fin de medio siglo de política fallida respecto al patio trasero", hoy, en tiempo de pandemia que ha puesto de rodillas al mundo entero, Trump puso en práctica unas 240 restricciones más a la que es la ley más injusta, después de la Ley Torricelli, la Ley Helms-Barton.

En 1992, Bush padre, con la Ley Torricelli, no sólo endurecía el bloqueo económico dando vida uno de los períodos más oscuros de Cuba, el "período especial", sino que por primera vez violaba el derecho internacional. Cualquier ley promulgada en un país, de hecho, no puede aplicarse fuera de sus fronteras; la Ley Torricelli, en cambio, se extiende a todos los países del mundo, de modo que, por ejemplo, si algún barco entra a puertos cubanos, se le prohíbe la entrada a los Estados Unidos durante los seis meses posteriores. De este modo, las compañías navieras prefieren no comercializar con Cuba y Cuba, que es una isla, tiene que pagar un precio elevado para que le lleguen las mercancías a su tierra. Esta ley también prevé sanciones contra quienes brindan ayuda a los cubanos: si un país da 100 millones a Cuba, EE.UU. reduce en 100 millones de posibles ayudas a este país.

En 1996, Clinton aprobó la Ley Helms-Burton, que además de ser extraterritorial es también retroactiva. Esto también está prohibido por el derecho internacional.

En 2004, el sádico hijo de Bush, con su "Comisión de Asistencia para una Cuba Libre", imponía a los ciudadanos cubanos residentes en EE.UU. que podían ir a Cuba sólo durante dos semanas cada tres años, siempre y cuando demostraran que eran parientes cercanos de una familia residente en Cuba. Redujo las remesas mensuales a 100 dólares y si los familiares eran miembros del Partido Comunista la cantidad se reducía a cero.

En el 2006, las restricciones empeoraron, las empresas tenían que escoger: o comercializar con Cuba o con los Estados Unidos. Para comercializar con los Estados Unidos, era necesario (y aún lo es) demostrar que los productos vendidos no contenían nada de origen cubano; incluso el consumo de productos cubanos por parte de los ciudadanos estadounidenses conlleva el riesgo de sanciones y/o 10 años de cárcel.

Hoy, las 240 medidas contra Cuba impuestas por la administración Trump pesan como una lápida y tienen como único objetivo estrangular económicamente al país, alterar el orden interno, crear una situación de ingobernabilidad y derrocar a la Revolución.

Parte de estas sanciones están relacionadas con el Título III de la Ley Helms-Burton, que permite a los ciudadanos estadounidenses, o a los cubanos con ciudadanía estadounidense, demandar a las empresas acusadas de "traficar" con propiedades confiscadas por el gobierno cubano. La decisión de permitir acciones legales en los tribunales estadounidenses tiene un impacto negativo en las perspectivas de atraer inversiones extranjeras, que se suma a los obstáculos ya existentes debido al marco normativo del bloqueo. Hasta ahora hay 28 demandas presentadas en los tribunales estadounidenses. El colega Da Rin en Sole 24 Ore enumera algunos casos paradójicos.

En cuanto a los viajes, la creación de la lista de alojamientos prohibidos en Cuba, que incluye 422 hoteles y casas de alquiler, ha desanimado a los turistas. Fueron cancelados además vuelos regulares y chárter en todo el país, excepto a La Habana, cuyas frecuencias se limitaron también. Entre estos 240 "ajustes" se encuentra la decisión de limitar el importe de las remesas a 1.000 dólares por trimestre, la suspensión de las remesas no familiares y la prohibición de enviar dinero desde terceros países a través de Western Union, imponiendo otras limitaciones a los ingresos de muchos cubanos. Y así mismo, la creación por parte del Departamento de Estado de la "Lista de Entidades Restringidas de Cuba", con la que se prohíbe a las personas sujetas a la jurisdicción estadounidense realizar transacciones financieras directas. Se incluyen en esta lista 231 empresas. En este ámbito, surgió la decisión de no renovar la licencia para operar en Cuba de la empresa hotelera Marriott International, con el objetivo de sembrar un clima de incertidumbre en la comunidad empresarial. Durante la administración Trump tuvo lugar una minuciosa persecución de las operaciones financiero-bancarias de Cuba y un aumento significativo de las denuncias de cierre de cuentas bancarias, negación de transacciones y otras trabas encontradas por las representaciones diplomáticas y comerciales en el exterior. Paralelamente a la estrategia contra Venezuela y con el pretexto de la supuesta injerencia de Cuba en ese país, se adoptaron medidas contra barcos, compañías navieras, de seguros y reaseguros relacionadas con el transporte de combustible. Solo en el 2019 se sancionaron 53 buques y 27 empresas. También fueron notables las presiones contra los gobiernos que registran o informan sobre los buques. Por último, el 11 de enero de este año, Cuba fue incluida en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo; tres días después aparece en la lista de Adversarios Extranjeros del Departamento de Comercio, en virtud de una orden ejecutiva firmada por Trump. En materia de salud, Estados Unidos ha impulsado el fin de los acuerdos con varios países y ha aumentado la presión sobre los organismos multilaterales. Esta política súper agresiva se traduce en la absurda situación en que esta isla del Caribe ha creado más de una vacuna contra la Covid, pero no puede vacunar a la población porque no tiene las jeringuillas necesarias (o, por ejemplo, los electrodos o los catéteres cardíacos pediátricos o el banal gel para ecografías) porque no hay ninguna empresa dispuesta a arriesgarse a un paro comercial de seis meses por venderle a Cuba. Nosotros los italianos, conocimos a los médicos cubanos de la brigada Henry Reeve (creada por Fidel Castro en el 2005 para las emergencias y epidemias, principalmente la del ébola, en África) en el momento más trágico de la pandemia: vinieron a Crema a ayudar en el hospital de campaña y se fueron cuando la epidemia había terminado. Pero el contraste entre el relato histórico sobre Cuba y la humanidad de estas personas, que respondieron a nuestra solicitud de ayuda en un momento terrible para nuestro país, fue demasiado escandaloso para algunos: últimamente algunos de nuestros principales medios mainstream también los han manchado de fango, confundiendo el trabajo solidario con una forma de esclavitud, afirmando que fueron obligados por el régimen cubano a trabajar gratis o mal pagados. Espero con impaciencia la rebelión de todos los voluntarios y trabajadores por la paz que, por sus propios ideales religiosos o políticos, llevan a cabo un proyecto de vida solidario.

Y aún así, el Parlamento Europeo, aplastado desde hace tiempo entre los intereses de Estados Unidos y el nuevo capitalismo chino rampante, ha tenido a bien aprobar un proyecto de resolución titulado "Sobre los derechos humanos y la situación política en Cuba" que del mismo modo señala este aspecto del trabajo de los médicos cubanos, presentado por Vox (España), Fratelli d'Italia y HSP-AS (Croacia), por el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, el PiS polaco, el Partido Popular (PP) español, la alianza liberal Renew Europe, a la que pertenece también el FDP alemán, y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, una de las tantas organizaciones contrarrevolucionarias financiadas por los contribuyentes estadounidenses. De hecho, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos recibió más de 120.000 dólares de la NED (National Endowment for Democracy) en el 2017 para sus acciones subversivas contra el gobierno cubano.

Últimamente, en el panorama internacional, asistimos a una cierta confusión informativa procedente de realidades no gubernamentales. En la revista "Latinoamérica y todos los Sur del Mundo", de la que fui director y editor del 2000 al 2015, explicaba con gran preocupación el caso de Reporter sans frontieres en relación con Cuba, cuyo director, Robert Menard, dimitió en el 2008 para formar parte del Front National de Le Pen.

La resolución fue aprobada con 386 votos a favor, 236 en contra y 59 abstenciones. Por lo tanto, este voto no fue casual, sino una posición política precisa, respaldada también por Italia, que votó en contra de la resolución presentada al Consejo de Derechos Humanos de la ONU el pasado 26 de marzo, junto con otros 14 países, sobre las "repercusiones negativas de las sanciones económicas en el disfrute de los derechos humanos, que exhorta a los Estados a eliminar, dejar de adoptar, mantener o aplicar sanciones contra otros países". El bloqueo económico, sin embargo, es una sanción aplicada por los Estados Unidos contra Cuba; votando contra la suspensión de las sanciones, la Comunidad Europea confirma la necesidad del bloqueo como forma de presión sobre el gobierno cubano.

Súper eficiente, por tanto, en lo que respecta a la situación de los "derechos humanos en Cuba", pero sordos y duros de corazón ante los continuos llamamientos de nuestro país y de las ONG sobre los derechos humanos pisoteados de los migrantes que cruzan el Mediterráneo para tener una esperanza de vida, a merced de pateras sin escrúpulos y encontrando a menudo la muerte en su seno. Pero la comunidad europea, últimamente, está viviendo situaciones muy embarazosas, porque su Embajador en La Habana, Borrell, en una entrevista, no tenía para nada ganas de considerar a Cuba una dictadura. Rumores de indignación desde Bruselas, pero sentido de la vergüenza, cero.

Por cierto, la ya histórica generosidad de los habitantes de Lampedusa que durante años han acogido a los vivos y a los muertos que el mar escupe casi a diario ¿cómo debemos interpretarla? ¿Explotación? ¿Trabajo mal pagado? ¿Esclavitud? A la conciencia de cada uno la respuesta. Solo sé que hace quince años atrás escribí una profecía fácil sobre el mar de gente desesperada que nos sumergiría, atrapada entre el estrangulamiento de las guerras “portadoras de democracia" y la explotación atávica de su territorio.

En los últimos días hemos sido testigos de la tormenta perfecta en Cuba: un gran brote de Covid19 en Matanzas (el gobierno ha enviado dos brigadas de 60 médicos para aliviar los hospitales, que están casi colapsados); la vida cotidiana cada vez más difícil, casi imposible, por la dificultad de encontrar productos de primera necesidad, pero también por el transporte, que tiene menos frecuencias porque la gasolina escasea desde hace tiempo; la agresividad de la desinformación, que empieza en Miami y se magnifica en las redes sociales, las protestas que se hacen pasar por un "asalto al régimen castrista", noticias falsas sobre el hipotético apoyo de los artistas más prestigiosos. La música une, la música divide, parece.

Buena Fe, junto con un numeroso grupo de artistas, confirmó su posición de izquierda y su afiliación ante las cámaras de la televisión cubana. El cantante, que goza de la simpatía de millones de seguidores dentro y fuera de la isla, señaló: "Hay que defender este país por convicción. Ay de los que se equivocan y creen que todos los que defendemos la Revolución somos imbéciles. ¡Cuidado con esto! (...) Aquí hay mucha gente que se suicidó por este país, nuestra propia familia. Esa misma sangre está ahí. No traicionen esa sangre” Por otro lado, dos raperos residentes en la isla, Maykel Osorbo y El Funky, junto a otros músicos residentes en Miami, produjeron la canción "Patria y vida" (parafraseando el "Patria o Muerte" de Fidel), obteniendo millones de vistas. Algunos de ellos pertenecen al Movimiento San Isidro, cuya protesta recorrió inmediatamente los medios de comunicación. El Departamento de Estado de EE.UU apoyó rápidamente el movimiento, argumentando la necesidad de reforzar "la capacidad de los grupos independientes de la sociedad civil en Cuba para promover los derechos civiles y políticos en la isla" y condenó "la responsabilidad de los funcionarios cubanos en las violaciones de los derechos humanos". Una metodología que ha sido utilizada una y otra vez en la vida política cubana. Anayansi Castellón Jiménez, directora del Departamento de Filosofía de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas, contextualiza en una entrevista con Cubadebate: " Existe una especie de manual de operaciones psicológicas de las agencias militares y de inteligencia de los Estados Unidos, lo hemos visto otras veces en Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Argentina y Brasil, como parte del laboratorio experimental permanente del imperialismo, que utiliza la misma fórmula para generar los pretextos que le permiten activar más sanciones e incluso justificar sus aventuras bélicas. Crean el problema y prometen una solución que lleva a un mayor sufrimiento a nuestros pueblos". La desinformación sobre Cuba ha existido siempre, la poderosa arma utilizada por los Estados Unidos, maestros en la fábrica de información y que ahora cuenta con medios tecnológicos cada vez más sofisticados, donde es muy difícil verificar los límites entre la verdad y la ficción. Difícil, pero no imposible, aunque en este momento se apueste más por la rapidez y la inmediatez que por la verificación del contenido. Las redes sociales quieren parecer neutrales, grandes plataformas "democráticas" a las que todo el mundo puede acceder, pero en realidad son ellas mismas portadoras de una determinada ideología, la de la raza superior. Ya es un hecho lo que está ocurriendo en torno a Facebook, responsable del escándalo de las fake news durante la campaña electoral de Trump-Clinton y declarado responsable, según Naciones Unidas, Reuters y el New York Times, del genocidio de los Rohingya en Myanmar. Se trata de una auténtica y nueva guerra, o mejor dicho, una no linear war, como la definió Vladislav Surkov, uno de los más estrechos colaboradores de Putin, que se hace manipulando los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales: Una acción dirigida igualmente a través de las fake news, orientada a detallar los conflictos. Se distorsionan a propósito los puntos de referencia y un cierto relato ante la opinión pública, los medios y los responsables políticos. Se juega todo en un incesante trabajo de reputación e imagen de los demás. Cuba (pero también otros países no alineados) forma parte de esta guerra no linear war desde hace mucho tiempo, los medios cambian, pero la técnica es siempre la misma. En definitiva, se trata de una guerra conveniente: se ahorra en el costo del armamento y las bajas militares y no se corre el riesgo de ser condenados por la opinión pública internacional. Lo que ocurre en Cuba, además, debe verse en una perspectiva más global: desde las elecciones en Ecuador perturbadas por las fake news sobre el candidato correísta, hasta las irregularidades para decretar la victoria de Luis Arce en Bolivia; la misma situación en Perú con Pedro Castillo, la continua demonización de Nicolás Maduro, el presidente venezolano, los intentos de impedir la candidatura de Lula en Brasil, son la fruta podrida de una política que Estados Unidos siempre ha tenido para su "patio trasero".

El pasado 23 de junio, la ONU aprobó, casi por unanimidad, la resolución para poner fin al bloqueo contra Cuba, que ha causado sufrimientos y daños incalculables durante varias décadas. Los dos únicos que se abstuvieron fueron Estados Unidos e Israel. Obama, en el 2016, optó por la abstención, pero con Trump primero y ahora con Biden, volvió a votar en contra.

Hoy estamos asistiendo a un Goliat que, insatisfecho con la violencia usada contra quien no puede ni quiere responder a las provocaciones, bloquea los brazos de David para golpearle más y mejor.

Es una situación inaceptable y peligrosa: hoy le toca a Cuba, mañana puede ser cualquier país que se desvíe del pensamiento coral, por todo tipo de intereses.

Es una situación inaceptable para un país como Cuba, portador de un sistema único en el panorama político mundial, al que su pueblo se ha adherido.

Es una situación tan inaceptable que me resulta imposible voltear la cara hacia otra parte, como hombre y como periodista.

Quisiera por último destacar la labor de la Asociación de Amistad Italia Cuba, que lleva décadas ayudando a esta pequeña isla. Estos días está haciendo todo lo posible para recaudar fondos para comprar 10 millones de jeringuillas para la vacunación del pueblo cubano. Se necesitan 800.000 euros para el Ministerio de Salud Pública de Cuba.

Debemos ayudarles, para que nos ayuden a seguir siendo humanos.

 

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