Rostros de Soberana 01: José Luis, de la biología marina a la creación de una vacuna.

José Luis Pérez Quiñoy es graduado de Biología de la Universidad de La Habana, tiene 57 años y es investigador titular y biotecnólogo superior de primer nivel del Instituto Finlay de Vacunas. Es parte del equipo de investigadores que ha generado el primer candidato vacunal de Cuba y América Latina para enfrentar el SARS-CoV-2,  en el que desempeñó el rol fundamental en el eje de generación de moléculas.

Al conversar con el Dr. José Luis, a todos nos llamó la atención la vehemencia con la que se refería a su esposa, la Dra. Raiza Martínez Casanueva, con mucho más énfasis que cuando lo hacía de sí mismo. Ella es médico y ha estado en la primera línea de batalla, en la zona roja del Hospital Clínico Quirúrgico Docente Dr. Salvador Allende, desde los momentos en que se reportaron los primeros casos positivos a la COVID-19 en Cuba y ha participado en la confección de los protocolos de atención médica.

Si nos guiamos por José Luis, esta publicación estaría dedicada solo a ella, que se lo merece, sin dudas, y lo haremos; pero ahora, estamos tras los pasos de Soberana 01 y eso nos pone a José Luis en el centro de nuestra atención.

Nos llama la atención que el primer ejercicio profesional del Dr. José Luis fue el de biólogo marino, muy alejado de los laboratorios del actual Instituto Finlay de Vacunas.

“El trabajo era muy diferente a lo que hago acá, el uniforme de trabajo era un pulóver, un short y un par de botas. En un barco camaronero íbamos al medio natural, capturábamos los camarones seleccionados para llevarlos al laboratorio y trabajar con ellos desde el punto de vista de desove, después de la cría de las larvas…En esta actividad estuve trabajando intensamente en los finales de la década de los 80; pero por problemas familiares tuve que abandonar ese tipo de vida.

"Yo estaba en Tunas de Zaza, venía a La Habana una vez al mes, mi familia era de aquí de la capital y por problemas personales tuve que regresar a ciudad y ocuparme de mi familia que demandaba mucho de mí en esa época. Así fue que entré al Instituto Finlay, en momentos en que esta institución enfrentaba un pico productivo para dar respuesta a una demanda de vacunas que había hecho Brasil, por una epidemia que había en esa época de meningitis.

"Era una época en la que el Comandante visitaba el Instituto hasta tres veces al día, conversaba mucho con nosotros y siempre estaba pendiente de las necesidades que teníamos, como trabajadores y seres humanos. Aquello fue una experiencia muy importante para mí, tener al Comandante en Jefe hablándole a uno, estimulando el trabajo, era muy bueno para todos los que estábamos en aquella época. Pero sí, hubo un cambio muy importante en mi profesión, de la vida que llevaba como biólogo marino trabajando en una camaronera, a tener que dedicarme al trabajo en el laboratorio, con sus especificidades y demandas.

"En el Finlay empecé a trabajar en la producción de la vacunas. En esta área tuve un tiempo relativamente pequeño porque fui trasladado al área de investigaciones y me incorporé al grupo que empezaba por aquel entonces a investigar en una vacuna para prevenir el cólera.

"Estuve trabajando desde los 90 hasta el 2002 o 2003 en ese proyecto, hasta los ensayos clínicos, y posteriormente hubo una decisión de concentrar a todo el personal de investigaciones en esta planta donde estamos hoy, y empezamos con una nueva estructura. Antes trabajábamos con grupos de trabajo por proyectos, por ejemplo, el grupo de la vacuna de cólera, el grupo que trabajaba la vacuna de leptospira, el grupo que trabajaba la vacuna contra el Haemophilus influenzae; pero comenzamos a trabajar con una estructura matricial, de tal manera que se creaban laboratorios por especializaciones.

"Entonces, desde ese época estuve trabajando en el laboratorio de Bioquímica, que daba respuesta a los diferentes proyectos de investigación que se estaban trabajando, como también había un laboratorio de Microbiología y de Inmunología, que de manera transversal atendían los diferente proyectos de investigación.

Hasta el día de hoy, he estado dedicado a la obtención de biomoleculas bacterianas, su caracterización desde el punto de vista físico, químico, inmunológico, inmunoquímico y en la evaluación en modelos de animales con pruebas de reto incluidas. Con esa experiencia es que hoy he tenido la oportunidad de aportar con los conocimientos que he adquirido, al desarrollo actual de la vacuna para combatir la COVID-19.

El Instituto Finlay de Vacunas desarrolla cuatro candidatos vacunales

"En este momento el Instituto está abocado al desarrollo de cuatro candidatos vacunales diferentes. Son cuatro proyectos de investigación. Uno de ellos es el más avanzado, y es una vacuna que por su composición y modo de abordaje es más sencilla que el resto, y ya está en ensayo clínico.

"Los otros tres candidatos tienen un nivel de complejidad mayor, con características diferenciales, que se espera que interactúen con el sistema inmune de manera diferente. Están en fase de investigación intensa, cada uno de ellos es atendido por un grupo de especialistas diferente, y con un grado de avance diferente, lo cual les va a ir permitiendo acercarse a la posibilidad de ser evaluados en la clínica.

"Esa ha sido la actividad nuestra en los últimos meses. Ha sido un trabajo de mucho sacrificio y entrega, sin escatimar tiempo. Estamos enfrentándonos a un virus que es nuevo para el mundo, la experiencia que se tiene es mínima, y hemos tenido que respondernos muchas preguntas desde el punto de vista científico.

El Instituto que está detrás de Soberana 01

El Instituto Finlay de Vacunas es una institución extraordinaria, que comienza con un grupo de investigadores muy entregados también a su trabajo y con el mismo objetivo de lograr un resultado con la mayor inmediatez, generadores de lo que sería la vacuna VA-MENGOC-BC.

Esto ocurrió a finales de la década de los 80. Yo no fui testigo presencial, pero es lo que conozco por los compañeros míos que me transmitieron aquellas experiencias. Así llega ese grupo de profesionales dirigidos por la Doctora Concepción Campa a lo que es hoy el Instituto Finlay.

La necesidad de obtener rápido la vacuna y comenzar a detener la epidemia en Cuba llevó a tomar la decisión de ocupar determinadas áreas que estaban disponibles y adecuarlas, desde el punto de vista de laboratorios, para abordar las distintas etapas del proceso de producción de la vacuna.

Así surgió el Instituto Finlay, institución que en todos estos años se ha caracterizado por poseer un potencial humano muy valioso, profesionales excelentes.

Además, la dirección del antiguo Instituto Finlay, específicamente la Dra. Concepción Campa y el Dr. Gustavo Sierra, siempre fueron muy visionarios en el sentido de que ellos consideraban que un Instituto con las capacidades que ya teníamos instaladas iba a estar subutilizado prácticamente, si no habría caminos a vacunas nuevas, para combatir otro tipo de enfermedades.

Se fue formando a lo largo de todos estos años un potencial humano de mucha calidad, con mucho conocimiento técnico y práctico, y esa es la plataforma que existe en el Finlay en el momento en que somos convocados a trabajar en una vacuna contra este nuevo coronavirus.

La actual dirección de la Institución siempre consideró que se trataba de un gran reto para nosotros porque el Instituto se había estado ocupando de desarrollar candidatos vacunales de origen bacteriano. No teníamos los conocimientos, la experiencia y las condiciones creadas en el Instituto para abordar un candidato vacunal contra un virus. Ese fue el primer reto.

Hubo que sentarse y hacerse la pregunta: ¿qué tenemos en nuestras manos, cuáles son nuestras capacidades, cómo lo podemos lograr con lo que tenemos? Y la respuesta fue desarrollar una vía que fuera la más sencilla y la más rápida posible, y eso nos llevó a la estratificación de los diferentes proyectos que hoy estamos trabajando.

Los proyectos

El primer proyecto se iba a basar en un candidato vacunal con lo que disponíamos en estos momentos en el Finlay y lo que podíamos obtener, que fuera el mecanismo más sencillo para que avanzara lo más rápido posible, y pudiéramos llegar cuanto antes a la población, porque el país y el mundo lo necesitaban.

Después empezaron a desarrollarse otras ideas que consideraban otros elementos adicionales a incorporar, lo que nos permitió desglosar el resto de las estrategias.

Así se fueron conformando  los otros tres candidatos, diferentes en cuanto a abordaje tecnológico, características y complejidad, y que se espera respondan preguntas diferentes, con vistas a lograr al final, cuando estén realizadas todas las evaluaciones, la mejor vacuna posible para poder enfrentar la enfermedad.

Los tres candidatos vacunales que le suceden a SOBERANA 01 tienen un nivel de avance menor y están enfrentando etapas primarias de la investigación.

El equipo creador de la vacuna está integrado por muchos jóvenes, pero están muy bien preparados desde el punto de vista de su formación. Las facultades de Biología y Química de la Universidad de La Habana son las instituciones que habitualmente nos nutren, al igual que la Facultad de Farmacia, con muy buenos profesionales graduados en ellas, lo cual es muy importante para que ellos, en su carrera como investigadores, puedan rendir lo suficiente y sean capaces de obtener conocimientos muy profundos.

Los tiempos son diferentes, en  la época en que yo inicié mi carrera como investigador teníamos muchas condiciones que hoy no tenemos. Teníamos sobre todo una gran disponibilidad de recursos que hoy es un problema, por toda la situación económica que atraviesa el país por el bloqueo económico.

Es muy complicado, la mayoría de las veces uno tiene que aplicar alternativas, porque el procedimiento normal exige determinados recursos y no los tenemos disponibles. Ahí viene el ingenio del investigador cubano que se enfrenta a esa situación y la vence para lograr el resultado que quiere. Eso ha sido denominador común en los últimos tiempos y estos muchachos que hoy están trabajando la investigación científica lo están haciendo en esas condiciones.

En el personal de mi laboratorio, tengo la experiencia de que es la misma entrega, el mismo entusiasmo a la hora de realizar la investigación, en las diferentes generaciones de investigadores.

Muchos de ellos han llegado aquí considerando que es un honor trabajar en el Instituto Finlay de Vacunas, al igual que en otros centros de investigación de BioCubaFarma, porque los consideran con una trayectoria extraordinaria, y porque la actividad que realizan es merecedora de esa entrega y de esa actitud.

En el caso de mi grupo de trabajo, nosotros hacemos la microbiología, los cultivos bacterianos, y con las biomasas bacterianas generadas con esos cultivos bacterianos, entonces, vamos a la etapa de la purificación de los antígenos.

Eso demanda, por ejemplo, que el cultivo de la bacteria empieza en horas de la mañana, avanza hasta más o menos el mediodía, y después inmediatamente que termina el cultivo, se establecen los controles: pureza, calidad, etc, y a partir de ahí se comienza a trabajar con esa biomasa bacteriana con vistas a la purificación de los antígenos de interés y puede que usted interrumpa ese proceso −entre la obtención de la biomasa bacteriana y la purificación− y considere recomenzar al próximo día. Pero si lo hace de esa manera, estaría afectando la calidad del producto que quiere obtener. Entonces, en el caso específico nuestro, la decisión siempre fue la de darle continuidad al proceso, y a continuación de la etapa de microbiología, comenzábamos con la purificación.

Era muy común que saliéramos del laboratorio a las 10:30 o 11 de la noche, cada vez que teníamos un proceso, y había semanas que teníamos dos y tres procesos. Eso yo lo hacía con personal joven, y de mayor experiencia, y todos se entregaban de igual manera a esa actividad, con entusiasmo y orgullosos de lo que estaban haciendo, sin mirar el reloj, si pensar si habíamos comido o no, si lo que estábamos haciendo pudiera ser riesgoso o no.

La experiencia adquirida en bioseguridad nos ha permitido, como colectivo de trabajo, enfrentar las investigaciones con microorganismos con determinado nivel de riesgo. En todo eso, yo no he observado diferencias en la actitud de investigadores de diferentes generaciones.

No caben dudas, tanto para mí, como para el resto de mis compañeros, que es un inmenso honor haber trabajado en la obtención de esta vacuna, que nos llena a todos de satisfacción, al poder utilizar las experiencias que tenemos en un proceso que puede conducir a crear una herramienta a utilizar para enfrentar la enfermedad.

Como profesionales e investigadores, y enmarcándonos un poco más en lo que eso significa desde el punto de vista de salud y desde el punto de vista social, nos hace sentir útiles, con orgullo a la hora de decir estamos trabajando como lo hemos hecho otras veces, pero ahora lo estamos haciendo de manera intensa, particularmente intensa, porque es para resolver un problema que hoy nos afecta gravemente.

El procedimiento en la etapa de investigación para generar un resultado puede durar cinco, seis, diez años. En este caso específico, todo eso hubo que concentrarlo en un espacio de tiempo reducido, y lograr llegar a disponer del producto en muy poco tiempo.

Como ha dicho nuestro director, el Dr. Vicente Vérez: nos convocaron en mayo y a finales de agosto ya estamos evaluando la vacuna en seres humanos. Eso ha sido una experiencia extraordinaria para todos los profesionales, para todos los que hemos tenido que ver de una manera u otra con el desarrollo de estos candidatos vacunales y evidentemente es una experiencia inolvidable, y servirá de base para futuros obstáculos que tengamos que vencer”.

Fuente: Cubadebate.

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