Los CDR, o el pueblo militante de la Revolución

Los CDR, o el pueblo militante de la Revolución

La fuerza de los CDR, fruto originalísimo de la Revolución Cubana que se suma a la experiencia del movimiento progresista internacional, refleja el calado de las ideas revolucionarias en el corazón del pueblo

 

28 de septiembre de 1960.

El 28 de septiembre de 1960, ante el sonido de petardos, Fidel propuso crear «un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva»: los CDR. Foto: Archivo de Granma

«Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva. Están jugando con el pueblo, y no saben todavía quién es el pueblo... no saben todavía la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo».

Así anunció Fidel, hace hoy 60 años, el nacimiento de los Comités de Defensa de la Revolución, la memorable noche del 28 de septiembre de 1960, ante un mar humano que se había congregado frente a la terraza norte del entonces Palacio Presidencial (hoy Museo de la Revolución).

 

Vivía la Revolución momentos cruciales, pues luchaba a brazo partido por la supervivencia, en medio de una aguda lucha de clases, tanto en el plano nacional como en el internacional. Se cernía el peligro de la agresión yanki. Los revolucionarios enfrentaban a los enemigos en todos los terrenos.

Dicha idea obtuvo rápidamente el respaldo de las masas. Desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí fueron organizados los CDR, a los que se integraron de inmediato cientos de miles de personas.

Transcurridas seis décadas desde aquella noche de septiembre, los CDR han sido y son una organización de masas –la más numerosa del país– poseedora de una energía política inagotable. Pero, además, mostraron que no eran solo un núcleo eficaz para la vigilancia, sino en tareas masivas de corte social, relacionadas con la salud, la educación, la recuperación de materias primas, el ahorro, la cultura política-ideológica, la lucha contra el delito, las drogas...

Foto: Archivo de Granma

Foto: Archivo de Granma

 

La fuerza de los CDR, fruto originalísimo de la Revolución Cubana que se suma a la experiencia del movimiento progresista internacional, refleja el calado de las ideas revolucionarias en el corazón del pueblo.

El cumplimiento de la vigilancia revolucionaria, objetivo fundacional y su más importante tarea, ha sido factor decisivo en el aplastamiento de la actividad enemiga interna, y de los elementos antisociales; aunque, al decir de Fidel: «Una de las cosas más nobles del trabajo de los CDR, es que cada año asumen nuevas tareas, y las viejas tareas se incrementan».

Resultaría prácticamente imposible sintetizar el volumen de responsabilidades cumplidas por la organización: en apoyo a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior en la lucha contra los enemigos de la Revolución; la labor político-ideológico de las masas, mediante la participación; la promoción del vínculo escuela-comunidad y el desarrollo de las relaciones entre padres, alumnos y maestros; el acompañamiento a los programas de salud pública, como las campañas de vacunación, las donaciones de sangre y la divulgación masiva de las medidas sanitarias; el ahorro y recuperación de materias primas; la prevención social; la limpieza y embellecimiento de pueblos y ciudades; la prevención de incendios y de accidentes; la participación en el proceso de institucionalización del país, en la constitución de los órganos del Poder Popular, en sus elecciones para delegados y en las asambleas de circunscripciones; el reconocimiento hermoso a los internacionalistas y, en general, las actividades de solidaridad; el fomento del trabajo voluntario como formador de la conciencia revolucionaria; el impulso al deporte, la cultura y la recreación; las actividades conjuntas con las FAR en la formación patriótica y militar de la familia y la juventud; la participación en censos y otras tareas sociales, económicas y políticas, y un largo etcétera.

La demostrada valía de los CDR, sin embargo, no representa un elemento de acomodamiento, todo lo contrario, constituye estímulo para proseguir, con renovado vigor, la vigilancia revolucionaria colectiva en todo el territorio nacional, a tenor de los peligros distintos que imponen los tiempos nuevos.

Cuba ha de congratularse, en esta fecha, por el currículo inédito que ha labrado al amparo de una organización que, como dijo su creador, el Comandante en Jefe Fidel Castro, constituye «un baluarte sólido e indestructible de nuestra histórica y gloriosa Revolución».

Los CDR abrieron cauce a una energía política versátil que ha abarcado un círculo creciente de actividades, mediante el concurso activo de millones de personas.

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