A la orden de nuestro pueblo

Santiago de Cuba.–Una especial seguridad inspira a nuestro pueblo que, entre los centros de salud dispuestos para enfrentar el nuevo coronavirus, se encuentren instituciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) como el hospital militar Doctor Joaquín Castillo Duany, el cual, desde su inauguración, hace 58 años, por el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, distingue con igual celo la atención a militares y civiles. 

«Por decisión de la dirección del país –afirma el director del emblemático colectivo santiaguero, teniente coronel doctor Abel Poulot Mendoza–, hoy la misión es una sola: estar a la orden de nuestro pueblo para el aislamiento, diagnóstico y tratamiento de pacientes sospechosos o confirmados de la COVID-19, en la región que comprenden las provincias de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.

«Tan sensible tarea –señala– implica más que nunca poner de manifiesto nacional e internacionalmente, el alto nivel profesional, científico y humano que nos ha caracterizado, y en ese sentido contamos con todas las condiciones de ingreso, de asistencia médica, de equipamiento especializado y de logística en general, requeridas para pacientes cubanos y extranjeros».

Sin fisura alguna 

En medio de la impecable limpieza y el estricto orden, las salas de la instalación mantienen listas 180 camas para ingresos, de las cuales 74 se destinan a pacientes sospechosos con sintomatología, que hayan regresado de naciones con presencia de la pandemia, o sostenido relación con tales viajeros y, de requerirlo, tendrían a su disposición 13 capacidades en terapia intensiva.

Además, otras tres camas están reservadas para gestantes en esta última sala donde, previendo algún parto, se cuenta con cuneros y una incubadora. Un número semejante fue asignado a pediatría, y dos a pacientes que, por padecer insuficiencia renal crónica, requieran en el tratamiento acoplarse a máquinas para diálisis y hemodiálisis.

El jefe de la Unidad de Terapia Intensiva (uti), mayor doctor Jacno Ferrer Castro, quien asistió en La Habana al curso nacional preparatorio, precisó que el hospital tiene elaborado con toda definición el protocolo diagnóstico terapéutico que rige el actuar médico, de enfermería, epidemiológico, de laboratorio clínico y microbiológico, para enfrentar la enfermedad.

Respecto al aseguramiento técnico, destacó que la uti está equipada con ventiladores mecánicos, bombas de infusión, jeringuillas perfusoras y demás medios e insumos médicos exigidos en la atención al paciente crítico, que hasta hoy no han sido utilizados, pues lejos de evolucionar hacia la gravedad todos los casos se han mantenido en la clasificación de enfermos ligeros.

Por su parte, la vicedirectora docente, mayor doctora Mislay Rodríguez García, apuntó entre el recurso humano de la institución un significativo número de doctores en Ciencias Médicas, especialistas, máster en Ciencias, profesionales con categorías docentes y con categorías investigativas, quienes para la contingencia fueron reforzados por Salud Pública en determinadas especialidades. 

Debe significarse que los tres especialistas participantes en el curso nacional para la prevención y control de la COVID-19, realizado en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (ipk), ofrecieron primero la preparación al personal del hospital, y posteriormente en los puestos médicos de unidades militares que responden a la atención primaria de los Servicios Médicos de las far.

En sentido general, las líneas fundamentales de esa capacitación están dirigidas al personal que desde el punto de vista clínico debe enfrentar a la enfermedad, al personal de enfermería, de medios diagnósticos y aseguramiento, responsabilizado con el diagnóstico de la enfermedad, la toma de muestras y el cumplimiento de las normas de seguridad.

Dosis de amor y compromiso

Valorando las premisas de la delicada misión, el teniente coronel doctor Poulot Mendoza refirió que, al solicitarse la disposición voluntaria del colectivo, todos dieron el paso al frente, en expresión del apego del personal de las far a nuestro pueblo, y del respaldo a la dirección del país, de modo que resultó necesario convencer a quienes, por problemas de salud, no debían participar.

Con presencia mayoritaria de mujeres e integradas por todo el personal médico y de aseguramiento requerido, quedaron formadas tres brigadas. Cada una permanecerá en la atención a pacientes 14 días, sin abandonar el centro, y una vez relevada estará igual tiempo en cuarentena fuera del hogar. Finalmente, cumplirán en sus casas una vigilancia de dos semanas antes de reiniciar el ciclo laboral.

«La misión no es fácil –dijo en la sala de terapia intensiva la trabajadora civil, licenciada en Enfermería Eneida Herrera Vega–, porque en mi casa dejé a mis hijas de 13 y 17 años, y a mi mamá con 83, pero escogimos esta profesión imprescindible en la salud de la población, y no podemos defraudar la confianza depositada en nosotros por la Jefatura de las far y la dirección del país».

Junto a ella, la licenciada en Enfermería Yumileidys Antomachí Montes, piensa en su pequeño de cuatro años; también las licenciadas en Laboratorio Clínico, Valentina Landuet Zapata y Yakelín Machado Millán añoran el cálido abrigo familiar, pero como dice el jefe del grupo de Enfermería, licenciado Yasmany Valdés Betancourt, «esto es un compromiso con la Patria y la humanidad».

El recorrido por El Militar, como llaman los santiagueros al hospital, refleja diáfanamente que lejos del «corre-corre» que alguien pudiese imaginar, reinan allí la serenidad y la confianza, tanto en pacientes como en el personal de salud, debido a esas altas dosis de sensibilidad y amor que el colectivo pone, constantemente, para cumplir con éxito la misión.

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