La historia me absolverá: un alegato que convirtió al acusado en acusador

La historia me absolverá: un alegato que convirtió al acusado en acusador

El Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez recordó, desde su cuenta en la red social Twitter, el aniversario 68 del alegato histórico del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, La historia me absolverá, durante el juicio por los hechos del cuartel Moncada.

«Se cumplen 68 años de un hito histórico: Fidel pronuncia su alegato de autodefensa La historia me absolverá y enuncia el Programa del Moncada, guía inagotable de la Revolución Cubana», escribió el mandatario cubano.

En una pequeña sala del santiaguero Hospital Civil Saturnino Lora, rodeado de soldados con bayonetas caladas, un hombre hizo estremecer a los magistrados que le juzgaban por el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, cuando les aseguró que «por ninguna razón del mundo callará lo que debe decir».

Era el 16 de octubre y el acusado era el abogado y líder revolucionario Fidel Castro Ruz, quien al asumir su propia defensa afirmó que «nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones; nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. Como abogado, no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y, como acusado, hace hoy 76 días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado, por encima de todas las prescripciones humanas y legales».

Salvo Fidel y sus compañeros, Abelardo Crespo, acostado en una cama debido a múltiples heridas recibidas, y Gerardo Poll Cabrera, los demás acusados de participar en el asalto fueron juzgados en el Palacio de Justicia por la Causa No. 37 de 1953, que se inició el lunes 21 de septiembre.

El 6 de octubre, 29 de los acusados fueron sentenciados a condenas de entre siete meses y trece años de privación de libertad y siete días después trasladados al llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos. Fidel Castro había sido mantenido alejado del tribunal desde el final de la primera sesión.

Como ocurrió en el juicio anterior, los acusados se tornaron acusadores, denunciando los crímenes cometidos contra sus compañeros y explicaban que la acción fue inspirada en las doctrinas del Apóstol José Martí en el año en que, precisamente, cumpliría el centenario de su nacimiento. Había pocas personas presentes, entre ellas la periodista Marta Rojas, cuando Fidel Castro se levantó para asumir su propia defensa en un juicio que duró cuatro horas aproximadamente, de las cuales Fidel consumió la mitad denunciando el golpe de estado, los crímenes contra sus compañeros, su programa de gobierno si hubiera triunfado y otras consideraciones de interés nacional. Al final, fue sentenciado a 15 años de privación de libertad.

Ese alegato, reconstruido en prisión, sacado de la cárcel escrito en tinta de zumo de limón entre líneas en cartas normales, compilado y reproducido clandestinamente por colaboradores de Fidel, es conocido mundialmente como La historia me absolverá, por la frase con que concluye su formidable defensa seguro de que sería condenado.

En el libro de Marta Rojas, La generación del Centenario en el Moncada, describe el ambiente «en la pequeña salita de las enfermeras atestada de muebles. Era una habitación cuadrada de unos cuatro metros de largo por cuatro de ancho y en la misma había un esqueleto dentro de una vitrina, objeto de estudio de las enfermeras, otra vitrina con libros, el retrato de (...), dos escritorios: uno a la derecha de la entrada de la habitación y detrás de ese buró, tres sillas donde se sentarán los magistrados. Había una mesita de centro y una butaca: era el puesto del fiscal. Al extremo de la mesa del centro tenía sus papeles el secretario del tribunal. Frente a ese rústico estrado del tribunal, a la izquierda de la entrada de la habitación, fue colocado otro buró y detrás de él, cuatro sillas. A continuación, colocaron una mesita que ocupó Fidel Castro. En cuatro sillas de tijera nos sentamos los periodistas. Y los escasos espacios vacíos los llenaron los escoltas».

«Heme aquí en este cuartico del Hospital Civil, comenzó Fidel su alegato, adonde se me ha traído para ser juzgado en sigilo, de modo que no se me oiga, que mi voz se apague y que nadie se entere de las cosas que voy a decir. ¿Para qué se quiere ese imponente Palacio de Justicia, donde los señores magistrados se encontrarán, sin duda, mucho más cómodos? No es conveniente, os lo advierto que se imparta justicia desde el cuarto de un hospital rodeado de centinelas con bayoneta calada, porque pudiera pensar nuestra ciudadanía que nuestra justicia está enferma...y está presa».

«Lo sorprendente con el texto de La historia me absolverá, afirmaba el genial escritor Alejo Carpentier, es su vigencia, su actualidad, el interés de su estudio presente. Todo lo que anunciaba, se ha realizado; todo lo que presentía, se ha cumplido; todo lo profetizado, con firme decisión política del futuro, se nos hizo tangible».

Fidel exaltó el mérito de los jóvenes que estuvieron dispuestos a dar la vida por un ideal, describió las fases del combate y recordó emocionado a Abel Santamaría, «el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante la historia de Cuba».

Y añade más adelante: «Nuestros planes eran proseguir la lucha en las montañas caso de fracasar el ataque… ¿Quién no ve, en estas palabras, una premonición de la lucha futura, de la que se hizo real?» subrayó Carpentier.

El enunciado de los seis problemas fundamentales de Cuba en 1953 se convertiría luego del triunfo en el Programa del Moncada: «El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política».

Esa guía sigue marcando el rumbo de la Revolución, a 68 años de proclamada ante un cerco de soldados con bayoneta calada, y durante casi seis décadas asediada por un criminal bloqueo económico, tiempo en el cual tampoco los medios de prensa al servicio del imperio han logrado callar sus verdades ni atemorizar a un pueblo orgulloso de sus conquistas y decidido a seguir avanzando.

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