Fidel: otra batalla, otra victoria

A sus 94 años, su aporte a la ciencia y a la vida es un legado de presente y futuro.
Nos acostumbró a librar batallas y a vencerlas. Siempre se adelantó, como gran estratega, a todas las variables que se pueden presentar en un combate. Preparó las fuerzas, concibió escenarios, estudió al enemigo y siempre estuvo al frente de su tropa.

Hoy, desde la monolítica roca extraída de las raíces de la Sierra Maestra, contempla lo hecho, lo que queda por hacer, las imperfecciones y la victoria.

Sabe, y así lo advirtió, de las posibles y reales conductas adversas de quienes, aun en medio de la nueva batalla, se aprovechan de alguna falta de control y asumen como suyos, el robo, el desvío de recursos, la reventa de productos, como si no importara para nada el esfuerzo gigante de dar a todos lo que tenemos, sea mucho o poco, pero honestamente logrado.

Ese es el contexto de la gran contienda que está librando nuestro pueblo y su dirección, para vencer la pandemia del nuevo coronavirus y hacer del combate mayor –la recuperación económica del país– un objetivo alcanzable si todos, de manera unida, aportamos nuestro granito en la colosal cruzada.

En la lucha contra la ­COVID-19 no hay un momento en que no esté Fidel, su consejo y advertencia, su estrategia, su concepción sobre la guerra de todo el pueblo, también presente –muy presente– en la situación actual. Porque la ofensiva de hoy es de todo el pueblo y al frente de ella está Fidel.

Desde el mismo Programa del Moncada previó la formación de recursos humanos para garantizar la salud y la educación. Incluso, fue más allá; desde los primeros meses, luego del triunfo, ya organizaba y enviaba a Argelia una brigada médica cubana para brindar ayuda a un pueblo amigo que la necesitaba.

De la Universidad de La Habana había egresado como abogado. Sin embargo, cuando incursionaba en los programas de Salud que se proponía impulsar, daba la impresión del galeno más avezado.

Así lo concibió y llevó a la práctica. Unos pocos ejemplos –muy presentes en el enfrentamiento a la ­covid-19– lo testifican: fue el creador del concepto de médico y enfermero de la familia; estaba convencido de que la ciencia tenía que constituir parte de la vida cotidiana de este país y, por ello, ideó y dirigió la formación de los polos científicos.

Se trata de un proyecto y una definición que para nada tienen que ver con los modernos centros creados en los países capitalistas, a partir del concepto de la Medicina privada y de producir insumos, incluso medicamentos, solo para quienes tengan el dinero que cuestan.

Paralelamente, la formación de recursos humanos para garantizar los programas de Salud y la elaboración de nuevos y revolucionarios contenidos que hoy avalan la labor de nuestros médicos en cualquier lugar del mundo, constituyó parte del pensamiento de Fidel, quien en no pocas ocasiones expresó que no sobrarían, independientemente de los que se graduaran.

Hoy, cuando decenas de miles de ellos brindan solidaridad, salud y humanismo en más de 60 naciones, el agradecimiento a Fidel y el reconocimiento a Cuba aparece hasta en las más intrincadas comunidades, o en grupos poblacionales que ni siquiera conocen el idioma español.

Se trata de la nación que envía a sus hijos a ofrecer salud y vida a cambio de nada. No importa, en ningún caso, la afiliación política o la fe religiosa del enfermo. Son seres humanos y a ellos va dirigida toda acción altruista de este gran ejército de batas blancas.

Fidel concibió al Contingente Henry Reeve y advirtió su importancia ante pandemias y desastres naturales. Luego vinieron las difíciles pruebas que daban la razón al Comandante: terremotos en Paquistán, Haití y otros países; ébola en naciones del África sufrida y, ahora, la COVID-19, letal virus que en pocos meses ha hecho vulnerable a un mundo que ya ha perdido más de medio millón de sus hijos.

Si muchos no han fallecido, si miles han sido devueltos a la vida luego del contagio, la Medicina y la solidaridad cubanas han contribuido a esa victoria, que debe agradecerse también a Fidel.

Sin que Cuba lo pida, y en medio de la más feroz campaña contra esos cooperantes por parte del gobierno de Trump y los mercenarios que paga, son muchos, y de muy variados países, los que solicitan se les otorgue a aquellos el premio Nobel de la Paz.

También Fidel está al frente de ese contingente médico y a él va dirigida la gratitud de quienes reciben la solidaridad cubana.

La pandemia de la COVID-19 impone otra batalla que va ganando Fidel. La articulación nacional contra la enfermedad, las capacidades del país para sortearla sin los saldos fatales de otras tierras, resultan del pensamiento del Comandante en Jefe hecho realidad, materializado en la continuidad que lidera el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, bajo la sabia guía del General de Ejército Raúl Castro Ruz, quien a la vez deposita toda la seguridad y la confianza.

Este 13 de agosto, en los 94 años del Comandante en Jefe, desde la roca monolítica que lo acoge en su Santiago querido, sus grandes batallas y sus victorias seguirán siendo referencia obligada para un pueblo que por convicción se ha propuesto construir su propio destino; el mismo que él nos trazó y defenderemos siempre.
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