El IPK en acción, también puertas afuera

Vivian Kourí Cardellá no se siente tocada por Atenea, la diosa de la sabiduría, el razonamiento y la inteligencia, ni se jacta de tener uno de los apellidos más célebres de Cuba cuando se habla de las Ciencias Médicas y las investigaciones afines, aunque confiesa, sin sonrojo, que para ella constituye un compromiso y un reto ser la nieta de Pedro Kourí y la hija de Gustavo.

«No sé si lograré estar a la altura de ambos, pero uno lo intenta cada día; es un orgullo tener ese apellido, por mi abuelo, por mi padre», comentó, luego de concluir una agotadora jornada de trabajo en el recién inaugurado laboratorio de biología molecular del hospital Roberto Rodríguez, de Morón.

Todavía hoy le es imposible desligarse de aquellas andanzas de niña por los pasillos del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), de la mano de sus padres Gustavo y Lidia, fundadores de esa institución; después, por el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), dirigido por su papá y el que, de pequeña, también frecuentaba.

La vicedirectora primera del IPK prefiere hablar de la institución científica donde labora, de los retos impuestos por la COVID-19, los nuevos laboratorios de biología molecular y del esfuerzo del Estado cubano en la etapa de la pandemia.

– ¿Qué papel ha desempeñado el IPK en el enfrentamiento a esta pandemia?

–El IPK fue el primero que comenzó a realizar el diagnóstico de la COVID-19. En el Departamento de Virología existe un laboratorio nacional de referencia para todas las enfermedades infecciosas, y dentro de ese está el que se encarga del estudio y diagnóstico de los virus respiratorios como la Influenza y otros coronavirus.

«Dicho laboratorio fue el que comenzó a hacer los primeros diagnósticos, la búsqueda de los casos iniciales de SARS-COV-2, a partir de un entrenamiento dado por especialistas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

«Los diagnósticos iniciales fueron negativos hasta que, en marzo, aparecieron en Cuba los primeros casos de  la COVID-19, y fue necesario aumentar el número de análisis. Es bueno aclarar que ya disponíamos de laboratorios moleculares en los centros provinciales de Higiene y Epidemiología de La Habana, Villa Clara y Santiago de Cuba.

«El IPK capacitó a los especialistas de esos tres centros y de los restantes 17 que hoy funcionan en el país, incluido el que abrió recientemente en el hospital Roberto Rodríguez, de Morón.

«Desde que el nuevo coronavirus entró al país, el trabajo en el IPK ha sido muy intenso y la mayoría de las personas han dado el paso al frente, no importa que sean de la rama de virología, farmacología, bacteriología, parasitología… De todos los departamentos se sumaron a trabajar en el laboratorio.

«Algunos tenían experiencia, otros aprendieron sobre la marcha. Hemos contado con la participación de personal de la Universidad de La Habana, incluidos profesores y estudiantes del último año; también del Centro de Inmunología Molecular y de Neurociencias, entre otros. El trabajo es agotador, pero la disposición fue casi total, incluidos los jóvenes».

–¿Qué características del SARS-COV-2 lo diferencian de los otros coronavirus?

–Dentro de la familia de los coronavirus hay cuatro descritos que circulan habitualmente y la mortalidad es prácticamente nula; solo producen un resfriado, un catarro normal. Los diagnósticos de esos virus los hacemos en el IPK.

«Existen otros que han producido determinados brotes epidémicos, pero circunscritos a determinadas zonas geográficas, como el SARS que en el año 2002 produjo en China una mortalidad de un 15 a un 20 % y está el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), una enfermedad respiratoria contagiosa que puede ser fatal en un 35 % y se propaga mediante el contacto directo con una persona infectada.

«El SARS-COV-2 se parece mucho al SARS de 2002, pero se diferencia en su gran transmisibilidad, acompañado de una mortalidad más baja».

–¿Por qué es tan alto el porcentaje de personas asintomáticas? ¿Tiene que ver con alguna mutación del virus? ¿Ese será el reflejo de un comportamiento menos agresivo en apariencia?

–Este es un virus intermedio entre el coronavirus SARS y los coronavirus endémicos, con una gran transmisibilidad. Eso no se sabía al principio. En los inicios se pensó que necesitaban contacto directo, estrecho y cercano, para que ocurriera la transmisión.

«Después se vio que el virus se transmitía de manera muy fácil, por varias vías. En un principio también se pensó que casi todas las personas que se infectaban desarrollaban la enfermedad. Uno nunca sabe qué va a pasar cuando aparece un nuevo virus.

«Luego se supo que no, que había muchas personas que se infectaban de manera asintomática y podían transmitirlo. Y estudiando las diferencias entre este virus y los otros se encontró la mutación que en los virus que estaban originalmente en China no aparecía.

«Sin embargo, estaba presente en los virus que circularon en Europa. Entonces se habla de que había mutado, que tenía mayor transmisibilidad, pero menor virulencia, es decir, menor mortalidad. Eso pudiera asociarse a las razones por las que hay muchas personas asintomáticas.

«Por las características del brote ocurrido en Ciego de Ávila, estamos estudiando muestras de los pacientes graves y comparando con los asintomáticos, para analizarlas en el IPK y determinar si existen características diferentes en el virus que ocasionó el rebrote ocurrido en la provincia. Estudiaremos el genoma viral para determinar si existe alguna otra mutación que pudiera haberlo hecho más agresivo en los casos graves.

«Desde el inicio de la epidemia en Cuba, incluso, en las muestras de los primeros extranjeros que dieron positivos, ya estaba la mutación mencionada anteriormente. En las muestras que hemos secuenciado hemos visto que el virus que circula en nuestro país desde el inicio, tiene la mutación asociada a una mayor transmisibilidad».

–¿Cuán importante es la existencia de un laboratorio de biología molecular para contener la propagación de la COVID-19? ¿Cómo se ha preparado el país para garantizar ese diagnóstico?

–Para determinar la presencia del virus se necesita hacer la PCR en tiempo real; es decir, amplificar o detectar un fragmento del genoma del virus en un exudado nasofaríngeo para descubrir la presencia del genoma del virus, y para eso se necesita un laboratorio de biología molecular.

«Una de las herramientas esenciales en la lucha contra la epidemia es disponer de un diagnóstico virológico específico para confirmar que realmente se trata de este agente viral y no de otro, de ahí que las intenciones de las autoridades de la Salud y del Gobierno de Cuba sean lograr que en cada provincia exista un centro de biología molecular.

«Tanto el equipamiento como las pruebas de estos centros son muy costosos. Los equipos valen entre 30 000 y 50 000 dólares en el mercado internacional, incluidos los que realizan la PCR en tiempo real y el extractor automático, a lo que se suma 50 dólares, el valor de cada prueba».

–¿Cómo su trabajo ha contribuido al enfrentamiento de la epidemia en la provincia? ¿Qué recomendaciones deja y qué enseñanzas se lleva?

–Realmente es un trabajo en equipo. Ciego de Ávila, junto a Matanzas, la Isla de la Juventud y Holguín, siempre estuvo dentro de los territorios donde se pensó abrir uno de los laboratorios. El rebrote de la COVID-19 aceleró la puesta en marcha.

«El de Morón quedó muy bien concebido, diseñado, muy bonito. Cumple con todas las características que necesita un laboratorio de biología molecular, con la adecuada separación entre locales y correcta organización del flujo de las muestras. Capacitamos al personal, mayoritariamente joven, en tiempo récord. Laboran 24 horas y descansan 72. Desde hace unos días, el doctor Durán se refiere a las muestras procesadas en Morón y eso es estimulante. Próximamente, cuando esté instalado el extractor automático, llegará a las mil muestras procesadas por día.

«El laboratorio es de gran importancia para las personas de Ciego y de las provincias vecinas; para el turismo que llega a los cayos del norte; también para las autoridades de la Salud porque es un ejemplo de que las cosas pueden hacerse bien».

–¿Qué experiencia puede dejar para Cuba el SARS-COV-2?

–Aunque ha sido muy dañino, si algo bueno puede dejar es que estamos obligados a mejorar los hábitos higiénicos; las medidas higiénicas que solemos olvidar frecuentemente, el uso del nasobuco y el lavado de las manos. Hoy, cuando hacemos una valoración, han disminuido considerablemente las afecciones respiratorias. Y eso es el resultado de las medidas puestas en práctica.

«Además, pienso que en los centros asistenciales la pandemia ha contribuido a mejorar detalles organizativos, en cuanto a las normas de bioseguridad».

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