Discurso del Embajador Juan Antonio Fernández Palacios en el acto por el 72 aniversario de la liberación del campo de concentración de Mauthasen, Austria

Estimadas compañeras y compañeros:

Una vez más la historia y el compromiso con la humanidad y con nuestros patriotas nos convocan a reunirnos en este lugar para conmemorar la liberación de uno de los campos de concentración más horrendos del régimen nazi.  El encuentro representa un símbolo: la liberación de la humanidad del fascismo,  hace ya 72 años.

Aún transcurrido este tiempo, en los muros de Mauthausen  reina la tristeza y el dolor, como si sus víctimas rondaran para mostrarnos cuánto sufrieron por las atrocidades que aquí se cometieron entre los largos años de 1938 a 1945 y nos advirtieran de impedir que  tal genocidio se repita.

Como otros, este sitio nunca debió existir. Cuesta trabajo aceptar que fue concebido por otros seres humanos. Mauthausen fue establecido con categoría de “Nivel III”, la más rigurosa de los campos de concentración del régimen nazi. Aquí se entraba, sin la esperanza de salir.  Sus principales víctimas eran prisioneros políticos, luchadores antifascistas.   El exterminio de los prisioneros mediante el trabajo forzado y la explotación vil, era el objetivo central.

Hasta aquí llegaron muchos; hombres y mujeres, ancianos y niños; todos quienes parecían diferentes para la horrenda doctrina oficial del fascismo, ya fuese por su origen o religión, por sus discapacidades u orientación sexual, por su ideología o modo de pensar.

Fueron decenas de miles. Entre estos, rusos, polacos, españoles, austriacos, y también latinoamericanos, quienes vivieron aquí sus últimos días. Entre ellos cinco cubanos que, como parte de los más de 1 500 compatriotas, formaron parte de las Brigadas Internacionales que, desde el lado de la República, combatieron al fascismo en la Guerra Civil Española. Cinco cubanos que constituyen la génesis del espíritu internacionalista y desinteresado que nos ha caracterizado.

Quiso el destino que Roberto Cortezón Martínez, Félix Llanos Alonso, Alberto Sánchez Martínez, José Luis Pérez Arocha y Manuel Sola Castillo, fueran entregados por los colaboracionistas del régimen de Vichy a las hordas hitlerianas en la Francia ocupada y confinados aquí como apátridas, sufriendo la agonía que el terrorismo de Estado nazi-fascista impuso a todos aquellos que lucharon por la democracia y la libertad, por el derecho a ser o pensar diferente, y que enfrentaron sin temor al régimen nazi-fascista.

La historia ha sido contada y es conveniente rememorarla y repasarla una y otra vez, aunque sea duro y desgarrador, para hacer que no se olvide y para extraer de ella las necesarias lecciones y el verdadero aprendizaje.

¿Cómo ha sido posible que algunos seres humanos hayan erigido lugares así para exterminar a otros seres humanos? ¿Cuáles han sido las razones bajo las que se escondieron las sinrazones del nazifascismo?: La intolerancia, el racismo, la xenofobia, y el expansionismo hegemonista.

No puedo dejar de conmoverme ante el hecho cierto de que estas manifestaciones proliferan cada día con más marcada presencia en la realidad de hoy en algunas partes del mundo, notoriamente en Europa.

No podemos cejar en el empeño de construir y de hacer crecer la solidaridad y cooperación entre los seres humanos.

Y ante el avance por doquier de la extrema derecha, y su corolario de grupos racistas y xenófobos, es impostergable para las fuerzas progresistas y de izquierda cerrar filas, hacer frente común, pasar por encima de intereses propios y sectarismos para apoyar y defender con nuestras acciones y labor ideológica creativa, repitiendo y repitiendo, aquella legendaria consigna de la República Española que tantas veces se escuchó en los campos de batallas:

¡No pasarán!


¡Gloria eterna a los cubanos muertos en Mauthausen!

Nunca más fascismo!

¡Hasta la victoria, siempre!

Muchas gracias

(Embacuba Austria)

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