Cúcuta, un campo de concentración neoliberal

Cúcuta es la ciudad de ensueño para las élites neoliberales, cuando lo digo no exagero. Eso que llaman neoliberalismo se basa en diluir al Estado para convertirlo en la taquilla de intereses paraeconómicos, ese que ejerce el poder de facto llamando «mano invisible» a su modo más confortable de saquear todo lo que se mueva. Sea fuerza de trabajo, vida no humana (o naturaleza) o recursos financieros.

LA CIUDAD DEL ABANDONO Y EL AISLAMIENTO

Ningún presidente colombiano había ido a la capital del departamento Norte de Santander hasta agosto de 2015, el ex presidente Juan Manuel Santos fue el primero obligado por el cierre de frontera ordenado por el presidente Nicolás Maduro. Es causalidad que a esta ciudad fronteriza concurran las cifras de exclusión más graves de Colombia con el rol de base operativa de una guerra continuada y multiforme contra un proceso que busca inclusión como el venezolano, esta concurrencia ha sido impuesta por la oligarquía más cruel de América Latina: la colombiana.

La exclusión en Cúcuta se hizo más evidente luego de que afloraran con fuerza las contradicciones entre el Comandante Chávez y Álvaro Uribe Vélez, el abandono por parte de una élite hiperacumuladora a la población cucuteña se intensificó hasta llegar a ser una de las ciudades con mayor desempleo de Colombia, así de inocultable es la realidad en dicha ciudad que hasta un medio como El Espectador lo evidencia.

Con una tasa de desempleo que no baja del 14% desde 2009, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) colombiano, la economía del departamento empezó a depender única y exclusivamente «de la situación del país». Así lo afirmó la empresaria Lina Iscalá, del Observatorio Económico de la Cámara de Comercio de Cúcuta al diario La Opinión. Esto evidencia que, antes de ese año y con tránsito terrestre oficial, en Cúcuta se vivían las mieles del cadivismo.

El DANE también reporta que Cúcuta ocupa el primer puesto nacional de informalidad con un 69.8%, por encima del promedio nacional (48%) y de ciudades de alta densidad poblacional como Bogotá (41.3%), Medellín (40.6%) y Manizales (38.5%).

Con la crisis económica venezolana, inducida mayormente por el sistemático sabotaje, bloqueo y boicot empresarial, ha sido importante la cantidad de gente que ha emigrado a varios países latinoamericanos buscando mejorar su situación integral. A través de un sindicato, Caracol atribuyó el crecimiento del desempleo en Cúcuta a la migración venezolana y no al problema estructural que esa ciudad vive a causa del contrabando desde Venezuela y la precariedad vial.

Por otro lado, la Universidad de Pamplona estudió las causas de la inseguridad alimentaria entre 2007 y 2011, demostró cómo desde entonces los bajos ingresos de los pobladores les impedían acceso a la alimentación básica y su repercusión en la nutrición de la primera infancia, fundamentalmente. Uno de cada cinco niños allí padece de desnutrición severa, lo que puede llevar a un retraso del crecimiento y aumenta el riesgo de contraer enfermedades especialmente infecciosas. No es el «efecto Venezuela» el que hambrea al Norte de Santander, es el programa de ensayos neoliberales impulsado por rabiosos antichavistas como Andrés Pastrana, Uribe y Santos desde hace más de dos décadas.

Las entrevistas a la población cucuteña muestran su «inquietud» ante una guerra entre Venezuela y Colombia, pareciera que no supieran que esa guerra tiene rato ocurriendo y que las bajas atraviesan sus calles buscando trabajo o migrar a otros países donde la cosa sea «normal». Más aún, la guerra contra Venezuela es también contra ellos mismos: en 2015 el departamento Norte de Santander ya exportaba a Venezuela cerca del 95% menos que en 2009.

Centro operativo de la ilegalidad y la guerra contra Venezuela

Un día en Cúcuta se vive en presencia de los distintos ensayos neoliberales contra la estabilidad venezolana; la deformación cambiaria instrumentada para destruir el bolívar, el contrabando de extracción y de efectivo así como el tráfico de gasolina son lo usual y cotidiano.

La ciudad se hace apetecible para la economía delictiva colombiana conducida por élites que imponen estado de sitio a cada movimiento financiero, tanto dentro de ella como en el resto del país.

Para legalizar las casas de cambio que sistemáticamente atacan la moneda venezolana se basan en la Resolución Externa Nº8 del Banco de la República aprobada bajo la administración Pastrana en el año 2000, que dice en su artículo 70 que: «Los intermediarios podrán convenir operaciones de compra y venta de divisas de contado para su ejecución dentro de los tres días hábiles inmediatamente siguientes y anunciarán diariamente las tasas de compra y de venta que ofrezcan al público para sus operaciones a través de ventanilla».

No hay ningún instrumento jurídico que obligue a las casas de cambio cucuteñas a tomar como referencia cambiaria la tasa oficial del Banco de la República, cuentan con permisos y autoridades para devaluar el bolívar y promover el contrabando de billetes y de productos.

Contrabando e hiperdevaluación funcionan de manera sinérgica y están inscritos también en lo cotidiano de ambos lados de la frontera. De aquel lado existen más de 50 casas de cambio, en muchas de las cuales se lava dinero del narcotráfico asociado a grupos paramilitares y el peso colombiano se cotiza indiscriminadamente por encima de la moneda venezolana, tal desequilibrio monetario induce el desbalance de la tasa de cambio. Esta fluctúa de manera caprichosa, aunque no es el mecanismo oficial en Venezuela, las mafias decretan el tasado «por el dinamismo del dólar» o por «acuerdos que establezca el mercado cambiario», según la cantidad de bolívares que ingrese a Colombia.

Al mismo compás, y engranado al ataque cambiario, cientos de personas atraviesan la frontera para cambiar bolívares en efectivo y recibir mayor cantidad de dinero, como requisito principal estaba tener una cuenta bancaria en Venezuela, preferiblemente de "Banesco, Banco Universal" para mayores "beneficios". El contrabando de bolívares ha acelerado la entrada de moneda venezolana en Colombia y, por ello disminuye la tasa de cambio. Así las personas reciben más bolívares al cambiar pesos.

La ilegalidad se ha apoderado de la economía al punto de que algunos analistas sugieren que el contrabando y el fraude cambiario movilizan más de 10 veces los dólares que el intercambio legal. Domina circuitos de producción, distribución, consumo, rutas de extracción marítima, terrestre e incluso aérea creando una asimetría que se comporta como un vórtice que devora todo producto manufacturado o importado por Venezuela y lo pone fuera de sus fronteras mediante redes multiformes.

Algunas acciones del gobierno venezolano han buscado amainar el efecto de esta agresión, sin embargo el enemigo muta y busca reaccionar ante nuevos escenarios, lo que hace todo más complejo cada vez.

Campo de experimentación de zombificación neoliberal

Una ciudad donde imponer el caos al país vecino es la razón de ser de la economía, es el modelo que vende la élite oligárquica colombiana, es allí donde han aterrizado líderes del Grupo de Lima para activar sus baterías mediáticas de cerco y desprestigio contra Venezuela.

Desde allí inducen otra fase de esta guerra ya larga y extenuante que también tiene un teatro de operaciones local: Norte de Santander es uno de los departamentos con alta tasa de asesinatos de líderes sociales, hasta diciembre de 2018 se habían registrado 23 asesinatos de activistas comunitarios.

El gobierno colombiano insiste en que su interés por solucionar los problemas venezolanos tiene que ver con que así Colombia va a estar mejor, como es usual no especifica mucho sobre este tópico pues, tanto Uribe como Santos, han tenido la oportunidad de integrar a Cúcuta al resto del país y han preferido convertirla en un campo de experimentación de guerra y neoliberalismo, valga la redundancia. (Tomado de misionverdad.com)

 

Fuente: Granma

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