Consumado golpe de Estado en #Bolivia #GolpeNo

En la tarde de este domingo se informaba desde Bolivia que se había consumado el golpe de Estado contra el presidente Evo Morales, luego que los máximos comandantes de las Fuerzas Armadas y la Policía se sumaran al pedido de renuncia del mandatario.

Tanto Evo como el vicepresidente Álvaro García Linera viajaron hasta el aeropuerto de Chimure, en Cochabamba, y desde allí anunciaron al pueblo boliviano y al mundo que presentaban sus renuncias en favor de la pacificación de la nación.  

En el propio escenario la televisora Telesur reportaba que el máximo exponente de los grupos violentos que han llevado al país a esta situación, el empresario santacruceño Fernando Camacho, se dirigía, protegido por la policía boliviana, hasta una de las plazas en La Paz, luego de haber dejado una carta con el ultimátum de renuncia en la sede de la presidencia.

En horas de la mañana del domingo Evo había anunciado la renovación del Tribunal Supremo Electoral y la convocatoria a nuevas elecciones.

El Presidente argumentaba la decisión con la necesidad de pacificar al país. No obstante, los líderes opositores no aceptaron ambas disposiciones y continuaron con la violencia y el pedido de renuncia.  

Hasta el último minuto, ningún llamado a conversaciones del Presidente tuvo oídos receptivos por parte de los violentos opositores, que, mientras el mandatario hablaba de paz y concordia, se dedicaban a incendiar casas, asaltar medios de comunicación, e incitar a policías y otros segmentos de la población a «quemar» todas las naves hasta destituir al presidente.

Todo sucedía al amparo del tiempo, a la espera del martes 12 cuando se suponía que la oea debía dar a conocer el resultado de la auditoría, el que fue «filtrado» –se dice de manera preliminar– este sábado, tres días antes de lo pactado, para echar más leña al fuego y crear más incertidumbre sobre el conteo de votos.

En mi opinión, todo se produjo como estaba planificado por Luis Almagro y sus asesores en Washington. La auditoría resultó la forma en que la oposición ganara tiempo, se exacerbaran los ánimos, la violencia se generalizaba y hasta algunos sectores como el de la Policía fuera penetrado para que se convirtiera en cómplice de los que siempre apostaron por echar abajo el programa que llevaba adelante el gobierno de Evo Morales.

Hasta las últimas horas del sábado el mandatario boliviano estuvo dedicado a tratar de contener la violencia. Ese día había convocado a los cuatro partidos representados en la Asamblea, a una mesa de diálogo a la que dos de ellos, como también era de esperar, se negaron a asistir. El argumento: no queremos hablar, queremos la salida de Evo.

En igual sentido, el gobernante indígena insistía en que las fuerzas armadas no intervinieran en la grave situación ya existente, con la convicción de que había que proteger la vida de sus conciudadanos.

Esta decisión, como otras tantas, tuvo la misma respuesta de los violentos que, lejos de desmovilizarse para lograr la paz, incentivaron a esos grupos, bajo órdenes expresas de Fernando Camacho, devenido en una especie de Juan Guaidó boliviano, a que actuaran sin el menor recato, pues el país se veía desprotegido de quienes, de acuerdo con la Constitución, son responsables de garantizar la paz ciudadana.

El propio sábado los grupos belicosos habían quemado la vivienda de la hermana de Evo Morales en la ciudad de Oruro y dos casas de gobernadores, en Oruro y Chuquisaca.

Dos días antes, una turba incendió la Alcaldía de la ciudad de Vinto, cuya alcaldesa, Patricia Arce, fue arrastrada por la calle, donde la rociaron con pintura y le cortaron el pelo, según Telesur.

(Tomado del Granma digital)

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