Camilo: en el corazón del pueblo

Evocar a Camilo Cienfuegos Gorriarán implica hacer énfasis en sus cualidades humanas, además de resaltar su convicción revolucionaria.

Camilo, quien cumpliría este 6 de febrero 86 años de edad, quedó impregnado en la memoria del pueblo cubano con una amplia sonrisa, carácter jovial y por la cercanía y desenfado con que se relacionaba.

Los relatos en torno a su vida como guerrillero se han contado durante generaciones, desde aquellas que vieron la Revolución cubana y la entrada triunfal de los "barbudos" en diferentes ciudades de Cuba, hasta las actuales, conocedoras de la historia por lecturas y referencias familiares.

Nunca se olvidará el episodio con Ernesto Che Guevara cuando se produjo la dispersión de los expedicionarios del Granma en Alegría de Pío. Durante el combate, el Che, entonces médico del grupo revolucionario, tuvo que dejar su mochila con víveres para rescatar municiones. Al reencontrarse los combatientes el 5 de diciembre de 1956, Camilo tuvo un gesto solidario que forjó la entrañable amistad entre ellos.

Así recordaba el Che aquel instante:
“Nos habían sorprendido; en la huída yo perdí mi mochila, alcancé a salvar la frazada nada más, y nos reunimos un grupo disperso. Fidel había salido con otro grupo. Quedamos unos diez o doce. Y había más o menos una ley no escrita de la guerrilla que aquel que perdía sus bienes personales, lo que todo guerrillero debía llevar sobre sus hombros, pues debía arreglárselas. Entre las cosas que había perdido estaba algo muy preciado para un guerrillero: las dos o tres latas de conserva que cada uno tenía en ese momento.

“Al llegar la noche, con toda naturalidad cada uno se aprestaba a comer la pequeñísima ración que tenía, y Camilo, viendo que yo no tenía nada que comer, ya que la frazada no era un buen alimento, compartió conmigo la única lata de leche que tenía; y desde aquel momento yo creo que nació o se profundizó nuestra amistad. Tomando sorbos de leche y velando disimuladamente cada uno que el reparto fuera parejo, íbamos hablando de toda una serie de cosas.”

La relación entre el Che Guevara y Camilo Cienfuegos se hizo más sólida a lo largo de la lucha revolucionaria, a tal nivel que Camilo se convirtió en una de las pocas personas que podían hacer bromas al Che.

Igualmente admirable fue la amistad entre Fidel y Camilo, a quien el Comandante en Jefe consideraba un guía y a quien depositó su entera confianza.

Reconocidas son la anécdotas del recibimiento en La Habana a la Caravana de la Victoria el 8 de enero, cuando Fidel hizo un alto en su discurso para preguntar: ¿Voy bien Camilo?, a lo que Camilo respondería: ¡Vas bien Fidel!

En otra ocasión, cuando se desarrollan funciones especiales en los espectáculos deportivos con el fin de recaudar fondos para la Reforma Agraria, en el actual Estadio Latinoamericano, entonces Estadio del Cerro, se pactó un juego de exhibición entre el equipo de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y los Barbudos, selección integrada por miembros del Ejército Rebelde.

Se anunciaron como lanzadores a Fidel Castro y a Camilo Cienfuegos por diferentes equipos. Pero Camilo entró al terreno con el uniforme de Barbudos y una mascota de receptor y cuando los periodistas se le acercaron, les dijo:

"Yo no estoy contra Fidel ni en un juego de pelota".

Sus palabras no solo demostraron el respeto por Fidel, sino también la lealtad a la Revolución que él mismo había conquistado junto a compañeros de lucha y al pueblo en más de cien batallas.

El mismo sentimiento que lo llevó a manifestarse en huelgas por conquistas sociales, que lo obligó a exiliarse y a formarse como guerrillero desde México y luego en tierra cubana, quedó inmortalizado el 26 de octubre en el antiguo Palacio Presidencial de Cuba, en La Habana, ante miles de personas.

Aquel discurso vibrante, el último que dirigió al pueblo cubano, puede considerarse testamento político, pues en este define su posición inclaudicable al lado de la Revolución, de los pobres de la tierra y del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

"Tan altos y firmes como la Sierra Maestra son hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba en esta (...) concentración frente a este Palacio, hoy revolucionario, del pueblo de Cuba. (...)
Esta manifestación de pueblo, estos campesinos, estos obreros, estos estudiantes que hoy vienen a este Palacio, nos dan las energías suficientes para seguir con la Revolución, para seguir con la Reforma Agraria, que hoy no se detendrá ante nadie ni ante nada. Porque hoy se demuestra que lo mismo que supieron morir veinte mil cubanos por lograr esta libertad y esta soberanía, hay un pueblo entero dispuesto a morir, si es necesario, por no vivir de rodillas. 
Porque para detener esta revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero, y si eso llegara a pasar serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne: Si deshecha en menudos pedazos/ llega a ser mi bandera algún día/ nuestros muertos, alzando los brazos/ la sabrán defender todavía. 
¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en balde".

El recuerdo de Camilo perdura no solo por las alusiones al héroe de sombrero alón, al guerrillero legendario, sino también por su huella entre los compañeros, amigos de la infancia y la juventud; por su sensibilidad artística y humana, unidas a su carisma y voluntad de vencer cualquier dificultad.

Por todas las historias atesoradas en el corazón del pueblo, ocupa un sitio especial en el altar de la patria.

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Comunidad cubana